• HOMENAJE AL LENGUAJE

    Primera parte

    *Ya pasó el tiempo en que me acercaba a ti como a un
    almácigo. Entraba en tu ámbito extenso, casi
    inconmensurable, más allá del contexto, como
    quien entra más allá de sí mismo al páramo
    donde se encuentra. Me quedaba mirándote sin
    escribir, era como la misma hora siempre, era
    como una paz
    o una especie de paz. Desaparecían las tensiones. Era
    como una especie de paz en extinción.

    *No había árboles
    pero tampoco guerra. Yo sabía que al entrar en ti, como
    quien entra en tu lugar, no iba a ganar el premio. Y todo
    lo que tenía encima me presionaba. El sol, siempre, es
    una gran presión.

    *Yo era los animales.
    Yo era los animales pacificados
    pero no por tu música sino por tu silencio. Por los
    acordes que no oía, por las voces
    que no escuchaba, hay una prolongación, muy extraña,
    de rododendros. Yo logré ser -y ese es mi triunfo-
    un silencio de los animales esperando de ti
    o una especie, una señal.

    *Estoy quitando dar,
    estoy quitando dar al entrar en ti,
    no estoy dando,
    estoy quitándole a Gabriela,
    estoy quitándole a Alejandro,
    no soy, al entrar en ti,
    mi segundo nombre. Amor, juegos contigo, miradas
    al cielo -¿cómo es posible que existan estos árboles
    sobre el cielo, tan ausentes de nosotros?-
    No es que no los quiera: necesito pedir perdón.
    Por eso entro.

    *Dividí el mundo en dos, lo partí.
    Están los que dan
    y están los que no dan. Es muy simple.
    Está el sol, ese huevo tan extraño que ya no
    recuerda nada, y está la luna más extraña,
    aún estando el sol, en su continuidad.
    No recuerda su propia creación, su momento.
    Y siento que una frontera me sigue.

    *Yo no entraba en ti buscando poesía,
    ni extraños frutos, ni paraíso, ni
    manifestación. No tenía la menor idea
    de lo que era una epifanía 0 un dejarse,
    un caer. Entraba buscándote a ti.
    La carne que me diste vino sola,
    no pedida, como pulpa de Dios. Pero entonces
    -yo no pedía nada, yo no sabía nada- ¿por qué
    me culpo?

    Segunda parte

    * ¿La ausencia es mi centro?
    ¿Ese centro lo llena la escritura?
    ¿No lo llenan Gabriela,
    Leonora, Andrés y Alejandro?
    ¿Pedirles que llenen mi ausencia
    -si la ausencia es mi ausencia-
    no es pedirles que me sirvan de soporte
    para no caer?
    ¿La tristeza que siento cuando los veo
    no es la tristeza por quererlos mediado por mi ausencia?

    *Si la ausencia es mi ausencia
    estoy identificado con lo que no está.
    Si estoy identificado con lo que no está
    de alguna manera no estoy.
    ¿Cómo querer si no estoy?
    ¿Qué me puede hacer estar
    para volver a querer a los que quiero
    sin verlos como a la distancia,
    sin poder acercarme a ellos?
    ¿La escritura puede hacerme estar?
    ¿Es la escritura la asunción de la ausencia?

    *La ausencia es un dolor
    vuelto vacío, es un cambio
    de centro: un centro que ya no está fuera
    sino adentro.
    Escribir es permitir
    que la ausencia crezca
    en sus dominios internos, que vaya
    por sus propios fueros. Escribir
    es reconocer el adentro, es
    verlo.
    Pero es un adentro que sale, se asoma
    a la ventana, revela la ausencia.

    *Olvidé durante mucho tiempo
    que la palabra es de adentro,
    enamorado tal vez de tanto verla fuera,
    de tanto mundo que insiste en que la palabra es de afuera,
    como si la palabra sólo comunicara
    cuando la palabra no sólo es lazo.
    Una palabra condenada a celebrar
    o a condenar el mundo,
    una palabra del mundo
    no puede durar mucho tiempo.

    *Una parte de la palabra
    debe permanecer en su adentro.
    Una parte de la palabra es secreto.
    No sé si para toda la poesía:
    para estos poemas.
    Esa parte de la palabra que es secreto
    protege su adentro.
    Es la parte vigilante de la palabra,
    la parte de la palabra que no habla,
    su parte guardián de la frontera.
    Es la parte-silencio de la palabra
    que ya no escuchamos
    empeñados en que la palabra hable por completo.
    Olvidamos -olvidé- que el hombre-palabra
    tiene una parte silencio.
    El pájaro es todo el pájaro
    pero la palabra no es toda palabra ella,
    es parte silencio y parte habla.
    Este es el aviso de la palabra:
    silencio-aguas.
    Gracias a Gabriela que me dijo:
    «olvida todo y ponte a escribir.»
    Esto es más o menos sincero.

    Tercera parte

    *Se puede bucear más,
    siempre se puede más
    averiguar los peces
    del fondo.
    Sin olvidar que parte
    de la palabra es silencio.

    *Ir allí
    y volver
    para que la memoria nazca
    y muera el recuerdo.
    Ir allí pero regresar a casa.
    No olvidar por el camino que una parte
    de la palabra es silencio.

    *Ir a buscar el origen del dolor,
    el prístino, el inmaculado o casi,
    porque aún ese tiene rezagos de tiempo
    como una cabeza coronada de polvo
    o un sombrero cubierto de hojas verdes.
    Es lo que queda del regreso: no olvidar
    que parte de la palabra es silencio.

    *Se puede parodiar al sol,
    cómo no se va a poder decir que bien vale una parodia
    el sol, una parodia que quema.
    Parodiar esa garza por su pata
    y por la otra que se dobla
    explícita.
    Es posible no entender una garza
    sin olvidar que parte de la palabra es silencio.

    *Es posible morder la mano
    que te da de comer. Por justicia,
    no por arrepentimiento.
    Y dejar la mano intacta
    sin la huella de los dientes.
    Una vez es posible ser un perro.
    Sin olvidar que una parte de la palabra es silencio.
    No la más fiel, la más buena.

    *Todo se puede en este mundo
    a juzgar por los hechos
    que no dejan mentir.
    Esos hechos, los encargados
    de frenar el exceso. El exceso,
    esa cresta que en la aurora canta todo su Poder
    es la potencia misma donde el abismo se expresa.
    El exceso no cree en los hechos.
    Olvida el exceso que parte de la palabra es silencio.

    *Es posible ser sincero
    pese al corazón expuesto
    a la mordida del perro que pasa.
    Siempre hay un perro que pasa
    alrededor del sincero,
    muy cerca, peligrosamente,
    del corazón expuesto.
    A tres pasos del estacionamiento,
    en el cantero crece el ciruelo.
    *Escrito esto,
    pidiendo que no haya represalia
    del destino cierto.
    Con el dolor dicho,
    con el pasado ausente,
    con cierta paz, con esta noche
    y para ella.

    Ella es Gabriela.

  • ÃSTE VA PARA LOS MÃRTIRES DEL ARTE...

    Éste va para los mártires del arte,
    ya que lo invisible no es tan limpio
    como parecía: ahora está poblado por la serie
    paralela de los ojos. No los ojos del deseo,
    ojos claros, verdes, amielados. Por la serie
    de los ojos del hambre. Ni por la serie de los
    ojos policía: por la de los ojos del hambre.
    Esos podrían ser los ojos de tus hijos.
    Ya verás a donde lleva esta mirada de los
    ojos paralelos. Lleva a los acantilados de tu boca,
    puedes cantarla como una canción.

  • EL SOL, SOL DE DOS NIDOS...

    El sol, sol de dos nidos,
    uno en la luz del día,
    otro en la de la noche,
    ahora bajo en calorías.
    De ahí ese frío en verano,
    esa tibieza en invierno,
    ni primavera ni otoño.
    No sabemos qué ponernos
    ya que estamos habituados
    a ponernos algo. El sol
    sería bueno que eligiera,
    que el sol tomara partido.

  • A LOS VEINTE AÃOS...

    A los veinte años tu sexo olía profundamente,
    antiguo, tibio, una raíz sin frío, precaria
    aun viniendo de un pasado tan hondo, mítico
    de atreverse a atravesar la selva sin ser visto.
    Voz de ánima en pena que busca un continente,
    África donde agarrarse, desgarrada. Pero volviendo,
    el sexo de la mujer tiene una autonomía rara
    como si le perteneciera y como si le fuera ajeno,
    ajenjo, independiente, estado ebrio. Vive en la fiebre
    su larga memoria que lo habilita al delirio. Sus labios
    son verdaderos labios. Una raíz que no es una raíz
    pero parece por su resonancia. A partir de un punto
    el poema son innumerables ecos, aguas liberadas, felices
    de expansivas después de ser tocadas.

  • El nombre es otro

    Aina es el verdadero nombre de los niños,
    quiere decir: recientes, no en esta ni en cualquier otra
    lengua, aunque lo son, porque toda lengua miente.
    La verdad los acaba de soltar, una ausencia
    que se siente, y aquí están del otro lado, una presencia
    que se siente a veces. Si aceptan bien ese salirse
    de la feria siempre antes, o sea cómo
    les fue en la feria, son felices. Fuera de ahí dependen.
    Vas en aumento, por eso van al bosque. Los niños lloran,
    las niñas se nos pierden. Ángeles.
    Pero su verdadero nombre es Aina.

    La unidad de la luz
    contra la belleza múltiple:
    ésa es la guerra. Si entendemos por belleza
    etíope que no come, cubiertos de plata en otra mesa,
    estalactita. Si por esas tres imágenes
    entendemos, si por eso tomamos tequila tendidos
    al sol con sal que alucina frente al mar. Por belleza,
    mar de mármol, moldura de la forma en lava de Moldavia,
    canto del cisne del volcán, obsidiana obsesiva
    que el caos traga. Por este rumbo, en este sentido
    hablaba, nueva alba o amanecer en ningún lado,
    le dije a mi interior. Pero también a mi exterior.
    Naturaleza no, física, unidad de la luz y fuego.
    Por compasión la luz se vuelve
    bella, no por ser
    humana.

    Mallarmé dijo: "rien ou presqu’un art",
    yo renuncio. Salvo por contradicción,
    por contraviento y marea, porque el poema
    sea no saber, salvo porque sea salvavidas.
    De humano, de humano, de humano y de humano:
    de los que echan los dados y las lombrices a perder.
    Geográfico, visto desde el águila a una altura
    antes de ser disuelta en su deseo, el llano
    es el silencio, la montaña la mujer. Mágico,
    el resto de una presencia que cayó en la trampa, presa,
    liebre que se desborda en otro mar, el de Manrique,
    el gran admirado de Machado, de sus ojos admirado.
    Lógico: acaba de desbordarse la circunferencia.
    Donde menos se espera salta la liebre, líbranos
    de la belleza, de su librea estetizante sin
    santo, de los fríos brazaletes sin
    brea, de lo bonito y de lo feo, camafeos,
    nunca es suficiente quitárselos, imágenes
    que estampas, espantosas, son del pantano.
    ¿Crees que hay que ser eslavo de esa luz?
    Si no tengo derecho a ser plural en plumas, líbrame a mí.
    De la b, de la belleza, de lo bello. Algo de a:
    comí dos alegrías por el camino hasta aquí.

    Ni natural ni madre tierra ni cuarto
    menguante: yo me meto en tu cuero, vaca,
    abierta en Suez porque les dio la gana,
    andanada, hambre, todo es nada, da igual.
    No ternero que se mete por tu luz caliente
    vacía de aliento, mentes, lámparas, queda, cava
    poco, canta como flamenco hasta perder su forma
    arbitraria por tanto orden, nada, no quiero saber,
    dentro de tu cuero me curo.

    Muy herida en los ojos
    la verdad, fuertemientre,
    su dar que es su mejor, herido,
    su dar trabajo. Resta lo que quieras, réstale
    objeto: objeto ya restado, ni sentido
    en su corazón el viejo de la verdad.
    Verifícala en su cuerpo: "Esto, ¿ves?,
    es una planta plena". Quítale palabras,
    quítale cuerpo, tira toda la arena por la borda,
    borda lo posible para que suba, teje, abeja que te toca,
    si baja más los ojos queda ciega.

    La mujer que pide con el niño en brazos:
    el acontecimiento. Azar, tensa risa, lotería:
    ¿por qué no echas un poco de dinero al mundo,
    un poco sin pecado capital? ¿Por qué decides así
    el destino de la mujer que pide con el niño en brazos?
    ¿Nueva noción de altar? Es que la vida es, sin duda,
    una emergencia, no una merced. Es que la vida es,
    sin duda, un acontecimiento, un espectáculo sin culpa,
    un teatro que no se mira sino que se vive, actual.
    La vida siempre da en el blanco, la nada es blanca,
    blanca en ancas de no sé qué. Hasta la sed se ha vuelto
    reflejo, refleja, esto es reflexivo, sin flecha, sin dato,
    sin fecha, sin fe, arco abierto.

    El lugar donde acampa lo real:
    lo doy por hecho, respiro. Luego
    veo cómo llego allí. Revelé, suena a látigo
    porque eso es una biografía: un látigo, mi biografía,
    el nombre de mis hijos, lo fijo de sus ojos.
    Y no se vale ir hasta allí, hasta su nombre
    sólo para convocarte, pájaro-lugar:
    cerámica, cereal, Flora, mi amiga, lo real
    están fundidos. Contaminé de mí lo ajeno, miné la mina
    y me corté con esa lámina (ver poema). Culpable de habla
    cuando debí callar, callar ante Sarajevo, es de sabios
    el no desafío: nunca fui. Vía Marte no se puede amar,
    querer amar en Sarajevo, Vía Láctea no se puede beber
    leche de cabra en Sarajevo. ¿Se esperaba una ascensión:
    "leche de estrellas"? Eso cuando había espíritu,
    cuando hablábamos de tú a tú a la materia y la matriz,
    plaza dócil con palomas a las doce del día, respondía.

    No preguntes por qué, lobo, tú
    o presencia que rodeas siempre:
    alrededor hay moros, tal vez,
    o bachianas brasileñas, oba-la-lá.
    Obstínate tú, terquedad del desierto
    a pesar de la no-agua. ¿Cuál es la finalidad
    del desierto, no los nómadas, no los somalís
    ni los somalíes colibríes? El espejismo, el ansia
    hacia dentro de la sed al reflejarse, revelada.
    La finalidad del poema es la misma, revelada
    miseria del no-somalí colibrí, oba-la-lá.

    Como muerto soy africano y cantaré.
    Voy para pájaro africano: IwI.
    Honestamente, nunca me gustó esta cosa,
    su pura sangre, raza de origen,
    tabla rasa de ranas, ancla corroída,
    gente diferente, igual. IwI: "fui".
    Voy para ese pájaro no para un brillante
    de plumas de salón, real o pavo real. Voy
    para "fui", allí sobre su árbol.

    Resuenan los cascos en el camino a Damasco,
    es la arena la que cae de las manos, del cuenco
    de las palmas, de las dos. En Roma, no fue un cardenal:
    fue una paloma que se posó en la cruz pero no hay cruz.
    Por ahí pasó Cristo, por ahí quemaron vivos. Apenas
    baja una medio humano detrás. El caracol que se da cuerda,
    la memoria de concentración, sacrifica el gesto en
    [aras de qué]

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